“FUE EL DESPERTAR DE UNA NUEVA ERA”

Sr. Kodama, usted vivió los inicios del diseño Opel en los años 60. ¿Por qué decidió irse a Alemania en 1966?

Hideo Kodama: Porque quería ser diseñador. En mi adolescencia ya dibujaba y pintaba, sobre todo coches. Estudié en la Universidad de Bellas Artes de Tama, en Tokio, y al terminar los estudios pensé en irme a los Estados Unidos porque GM era la meca del diseño del mundo de la automoción. Así que mandé a Detroit algunos bocetos junto a una carta de presentación.

 

Pero enseguida se marchó a Rüsselsheim…

Sí, Clare MacKichan quería crear un gran Departamento propio de diseño en Opel, así que me llamaron porque al ser japonés suponían que era un especialista en utilitarios, y enseguida me mandaron a Rüsselsheim. A mí me pareció perfecto, pues había visto fotos del nuevo centro de diseño de Rüsselsheim; era luminoso, amplio, moderno, construido exactamente como el estudio de GM en Warren. Y además, Opel siempre había sido una marca apreciada en Japón.

 

Pero una vez allí, no se dedicó de entrada a diseñar ningún utilitario, ¿cierto?
Primero colaboré en el proyecto del Manta en el estudio de Erhard Schnell. La primera generación de Corsas también fue obra de Erhard y yo me encargué brevemente del coche de concepto Corsa Spider. Después trabajé en la segunda y tercera generación de Corsas y posteriormente creamos el Tigra partiendo del Corsa. Entre las dos primeras generaciones de Corsas hay una brecha en lo que a diseño se refiere.

 

¿Por qué su Corsa era tan distinto al de Erhard Schnell?
La primera generación tenía que evocar potencia y dinamismo, pero con la segunda pretendíamos llegar a las mujeres. Y eso requiere formas más redondeadas. Además, a principios de los noventa imperaban las líneas blandas y curvas. Se volvía al coche de concepto Junior del Salón del Automóvil de Fráncfort de 1983, con el que se había creado un coche de aire futurista con amplias ventanas y montantes esbeltos.

 

Volviendo a los comienzos: ¿había en ese momento la sensación de que se estaba iniciando algo nuevo con ese departamento, enorme para su tiempo, que solo se ocupaba de la estética?
No solo se ocupaba de la parte estética. Estábamos constantemente a la caza de las tendencias y de los deseos del cliente del futuro. Teníamos que crear la Opel del mañana. Y sí, fue el despertar de una nueva era. Todo el mundo estaba orgulloso de poder trabajar en una empresa como esa. La competencia se palpaba. Con los coches nuevos siempre se hacían varias propuestas de diseño; cuando había que tomar una decisión entre dos proyectos la tensión era monumental.

 

¿Puede ponernos algún ejemplo?
Sí, por ejemplo, la competición entre los dos posibles sucesores del Rekord C fue realmente espectacular. En ese momento, la estética del potente Commodore se basaba claramente en el Rekord y los sucesores de ambos modelos debían hacer más patentes las diferencias entre ellos. Alex Cunningham desarrolló un concepto para el Commodore que le daba un aspecto mucho más voluminoso, con un frontal absolutamente distinto y una particular parte trasera. Era un coche totalmente nuevo y, como tal, demasiado caro.

 

¿Y cómo surgió ese otro pionero de los deportivos de Opel, el Manta?
El Manta fue la respuesta al Ford Capri; era un cupé deportivo, que en un primer momento se planteó como Kadett cupé o Ascona cupé, y que también debía utilizarse en automovilismo. De modo que el emblema del Manta tenía que ser especial. George Gallion, el subdirector del estudio, viajó expresamente a París para visitar al biólogo marino Jacques Cousteau. Y este le explicó muchas cosas sobre las mantas y las rayas.

 

El Manta se convirtió en una estrella de cine, cosa que pocos coches antes habían conseguido, pero a menudo su aparición tenía cierto toque socarrón. ¿Le molestó?

En absoluto. Para algunos, llevar una cola de zorro colgando de la antena formaba parte del conjunto. Y el Manta no solo tuvo éxito en el cine, sino también en los circuitos. Como también lo tuvo el Ascona. Por desgracia a menudo la gente olvida que Walter Röhrl no fue campeón del mundo de ralis conduciendo un coche de la marca bávara de los anillos, sino conduciendo un Opel.

EN PERSONA

Nacido en 1944, Hideo Kodama tiene el aspecto de un hombre de algo más de 50 años. Los japoneses llevan una vida saludable y parece realmente como si no envejecieran. Kodama ha escrito parte de la historia de Opel como diseñador, entre otros, con la segunda y la tercera generación de los Corsas, que se vendieron por millones.

También dio forma al Tigra biplaza y colaboró en la confección del traje del legendario Opel Manta. Ahora ya hace tiempo que se retiró, pero la tranquilidad no le interesa. En su estudio de Mainz sigue dibujando y creando bocetos, y es que su interés por las formas le puede y le impulsa. Le gusta la ciudad en la que vive y, desde que no trabaja de forma activa, en ningún momento se ha planteado abandonar Alemania para volver a su Japón natal.

“Voy a Japón unas tres o cuatro veces al año para visitar a los amigos y la familia”, explica Kodama. “Cuando ya no pueda seguir volando esas largas distancias, ya veremos”.